
Es difícil decirlo. Difícil también es hacerlo. Sí, yo pensaba que sería algo más fácil, así como que llegas, eres infiel y te olvidas. Pero es difícil hacerse el leso cuando realmente te importa. En un principio era entretenido, una experiencia nueva, pero de a poco se fue convirtiendo en una pesadilla. Si a eso sumamos una serie de infortunados hechos, lo que resulta no puede calificarse sino como una catástrofe del alma y la conciencia.
Pero más fuerte aún es la confesión siguiente: No he sido infiel una, sino muchas veces. Cuántas? demasiadas. No me alcanzan los dedos de la mano y de los pies para contarlas. Desde que soy muy chiquito que esto se viene repitiendo y he comenzado a pensar que realmente es un estilo de vida. Pero es difícil vivir con eso, como dije al principio. Hay que tener el cuero muy duro para poder soportar todos los malos ratos que esto acarrea. Quiero empezar por el comienzo, quizás remontándose al año 1983 o por ahí, cuando comencé a tener uso de razón. No recuerdo bien, pero debe haber sido en esa época cuando por primera vez dije "de Santiago", a la pregunta: "de dónde eres?". Creo que esa fue mi primera vez de muchas. Por ejemplo la primera vez que toqué una pelota de básquetbol, por ahí por el año 1987. Si hasta formé parte de la selección de básquetbol del colegio! Yo, un futbolista al 100%!. Luego intenté volver con mi antiguo amor (el fútbol) y para eso tuve una transición como arquero para luego saltar a mi verdadero amor que es con la 10 en la espalda. Y bueno, luego por allá por el año 1996 volvería a ser infiel al fútbol con el tenis y otros deportes. Nunca le pude ser fiel al fútbol y, por lo mismo, éste se tomó su bien merecida
revancha diez años después.
Llegamos a la pubertad, y con ello los vellos entre las piernas y 50 erecciones al día. No sería raro que por primera vez le fuera infiel a quienes hasta ese momento habían sido las únicas mujeres de toda mi vida: mi mamá y mi nana. Sin embargo, como siempre he sido medio pajarón, no sería hasta el año 1995 que esa infidelidad se consumaría en cuerpo y alma (hasta ahí había sido solo de pensamiento). Edipo ya había muerto. Claudio el semental salvaje había nacido y comenzaba a dar sus primeros pasos. Luego vendría la rutina: durante el año 2 ó 3 pololas que no duraban más de 2 meses cada una, hasta el verano por cierto, cuando toda la acción se concentraba entre los meses de Enero y Febrero, por allá en las fértiles tierras de la séptima región, en un fundo propiedad del arzobispado de Talca, alejado de la civilización, cuyo nombre tengo tatuado en mi cabeza como en aquella roca: Las Lajas. Gordas, flacas, altas, bajas, viejas, guaguas, blancas, negras, tetonas, culonas y planas. Nunca fui fiel a un estereotipo de mina. A esa edad en plenas vacaciones de verano lo importante era besar (y eso era suficiente. Es raro ver que fuera así si ahora lo vemos en la perspectiva que dan los años). Poco importaba qué o a quién. Un par de mínimas restricciones era que caminara en 2 piernas y produjera litros y litros de estrógenos y progesterona. Pero con los años el gusto se iría refinando. Por ejemplo, recuerdo cuando por primera vez tomé vino en botella. Por primera vez le fui infiel al siempre recio y económico vino en caja, a.k.a.
guatero espacial. De igual modo en mi corta época como fumador, recuerdo aquella vez que por primera vez no fumé Life para fumar Belmont Light. Qué diferencia de calidad! (y de precio por cierto). Pero esas infidelidades serían emíferas a costa de la restricción dura de presupuesto. Podríamos decir que por lo tanto sería la primera vez que volví a mi antiguo amor luego de una infidelidad. Pero claro, una caja de planella o una cajetilla de life te perdonan fácil. Para hacerte una idea, imagina que estás con la mina más mala de la tierra. Obviamente en algún momento le serás infiel si la ocasión se da. Crees que esa mina te va a decir que no si le pides volver? No pos, si seguro no se hará de rogar. Claro, el problema lo vas a tener cuando quieras volver de Planella a un vino
Los Vascos. Si aún no les queda claro, sería como intentar volver de un mal vino
québécois a un buen vino chileno ;-).
Así llegamos a los tragos en los bares. Cómo olvidar aquella época dorada de la Escudo de litro, a la que dejé primero por algo mejor, la piscola de luca y a la que a su vez le fui infiel muchas veces con un cacique añejo + coca cola. Con tanto que he escrito que se me ha perdido la dimensión temporal. Podríamos decir que vamos en el año 2004 más o menos. El 2004 y la mitad del 2005 diría que fue una época de tranquilidad sentimental. No hubo grandes infidelidades (siempre habrá su canita al aire) y por lo tanto me gustaría saltarme directamente a la segunda mitad del año 2005. Por primera vez le fui infiel a mi tierra, aquel 3 de Septiembre cuando por primera vez pisé suelo
québécois. Sin darme cuenta comencé a serle infiel a mi lengua y comencé a involucrarme directamente con el francés, que debe hablarse para darse cuenta que es realmente la lengua del amor. Me enamoré de Québec que me ha adoptado como su amante más deseado. Y bueno... llegamos al 2006 donde por primera vez me siento frente a un teclado francés a escribir en un blog en castellano. En este momento estoy siendo infiel... y estoy seguro que volveré a serlo muchas veces más. Seguro se me olvidan algunos episodios, la mayoría involuntariamente, otros absolutamente a propósito. Recuerden que un caballero no tiene memoria ;-).