Ayer recibí una triste noticia: uno de mis tíos falleció luego de una corta pero fulminante enfermedad. Lo quería un montón y hacía tiempo no lo veía, pero debo reconocer que fue alguien a quien quise mucho y por quien siempre tuve mucho respeto, y ayer se fue. No fue instantáneo, pero creo que pasaron cerca de 15 minutos para poder asimilar lo que mi madre me decía por messenger, porque luego de ese tiempo comenzaron a caer gotas y gotas desde el interior de mis ojos. Tomé el teléfono y llamé a mi tía. No sabía qué decirle y por lo mismo dije muy poco, básicamente porque nunca he tenido tacto pa nada y estas situaciones delicadas más de alguna vez me han hecho decir tonteras. Pero aunque dije muy poco el dolor era inmenso, a tal punto que debí despedirme antes de ponerme a llorar en frente de ella. El año no lleva ni 20 días y ya me ha tocado vivir estos momentos de pena máxima que no le doy a nadie, pero que son signo inequívoco de que el tiempo avanza y nada podemos hacer para mantener el status quo. Me acosté realtivamente temprano y me levanté aún más temprano para empezar bien el día pues durante la tarde me esperaba un reto de envergadura: mi primera clase auxiliar en francés!. La materia era fácil (modelos de programación lineal) pero créanme que pararse frente a una veintena de estudiantes francófonos a explicarles algo en una segunda lengua a ellos que la dominan a la perfección es algo no trivial. No quiero ni pensar qué hubiera sido si hubiese tenido que dar una clase de análisis convexo en francés (aunque debo reconocer que en mi más íntimo es algo que me gustaría saber, pues sería signo de que soy bueno para las matemáticas más allá de la investigación de operaciones). Fueron dos horas repartidas en dos módulos de 55 minutos separados por un lapso de 10 minutos de pause café. Al final, en el balance, y a pesar de que cometí varios errores de lenguaje, estuvo bien, y estoy seguro de que iré mejorando día a día. Ahora estoy esperando que sea Sábado para ir a hacer esquí con Gerardo y Alexandra por la noche en la ciudad de Bromont, al sur de Montréal en una región llamada Cantón del Este. En resumen en estas últimas 24 horas viví una pena infinita, una alegría inmensa y espero con muchas ansias lo que pueda pasar el sábado.jueves, enero 18, 2007
Una pena, una alegría y algo nuevo
Ayer recibí una triste noticia: uno de mis tíos falleció luego de una corta pero fulminante enfermedad. Lo quería un montón y hacía tiempo no lo veía, pero debo reconocer que fue alguien a quien quise mucho y por quien siempre tuve mucho respeto, y ayer se fue. No fue instantáneo, pero creo que pasaron cerca de 15 minutos para poder asimilar lo que mi madre me decía por messenger, porque luego de ese tiempo comenzaron a caer gotas y gotas desde el interior de mis ojos. Tomé el teléfono y llamé a mi tía. No sabía qué decirle y por lo mismo dije muy poco, básicamente porque nunca he tenido tacto pa nada y estas situaciones delicadas más de alguna vez me han hecho decir tonteras. Pero aunque dije muy poco el dolor era inmenso, a tal punto que debí despedirme antes de ponerme a llorar en frente de ella. El año no lleva ni 20 días y ya me ha tocado vivir estos momentos de pena máxima que no le doy a nadie, pero que son signo inequívoco de que el tiempo avanza y nada podemos hacer para mantener el status quo. Me acosté realtivamente temprano y me levanté aún más temprano para empezar bien el día pues durante la tarde me esperaba un reto de envergadura: mi primera clase auxiliar en francés!. La materia era fácil (modelos de programación lineal) pero créanme que pararse frente a una veintena de estudiantes francófonos a explicarles algo en una segunda lengua a ellos que la dominan a la perfección es algo no trivial. No quiero ni pensar qué hubiera sido si hubiese tenido que dar una clase de análisis convexo en francés (aunque debo reconocer que en mi más íntimo es algo que me gustaría saber, pues sería signo de que soy bueno para las matemáticas más allá de la investigación de operaciones). Fueron dos horas repartidas en dos módulos de 55 minutos separados por un lapso de 10 minutos de pause café. Al final, en el balance, y a pesar de que cometí varios errores de lenguaje, estuvo bien, y estoy seguro de que iré mejorando día a día. Ahora estoy esperando que sea Sábado para ir a hacer esquí con Gerardo y Alexandra por la noche en la ciudad de Bromont, al sur de Montréal en una región llamada Cantón del Este. En resumen en estas últimas 24 horas viví una pena infinita, una alegría inmensa y espero con muchas ansias lo que pueda pasar el sábado.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

2 comentarios:
obvio, nadie puede decir que es bueno pa las matemáticas sin haber dado una clase de análisis convexo en un idioma que no es el suyo.
Chucha !!!.... y que queda pa mi entonces???... Yo a duras penas enseñaba weas básicas y en mi propio idioma....
bueh, cada uno tiene sus propios estándares.
Cambiando de tema, lo siento mucho por tu tio...
Pasalo bien esquiando.
Bueno quizás exageré un poco. de todos modos cuando hice análisis convexo en chile puta que sufríiiiii. Aprendí hartas cosas que obviamente ya se me están olvidando pero puta que fue entrete el curso. Gracias por tus condeolencias y tus buenos deseos pa mañana. Hoy supe que ya hubo el primer muerto de la temporada de ski en Québec, y fue en el mismo centro de ski al que yo voy mañana. En fin, el destino dirá qué me tenía preparado para mañana.
Un abrazo
Publicar un comentario en la entrada