lunes, diciembre 04, 2006

Reflexiones en la nieve

Me levanté como cada mañana, comí, me vestí y salí a la calle. Por primera vez en mucho tiempo la ciudad adquiría ese color blanco radiante que te hace recordar inviernos pasados y, junto con ello, tantas imágenes llenas de blanco que se pasean por tu memoria. Decidí que era buena idea caminar, sin rumbo, siguiendo alguna dirección bañada por ese color blanco. Caminé, caminé y caminé hasta que decidí que ya había caminado bastante. Cansado no estaba, más bien creo que ya había pensado demasiado. Porque eso me pasa cuando camino: pienso. Y cuando pienso, es inevitable que vengan imágenes a mi cabeza: días de sol, de nieve, de alegría, de tristeza, de amor y soledad. Imágenes que te recuerdan que has vivido, que has caído y te has levantado, muchas veces. Que la vida es una rueda que gira todo el tiempo: estás arriba y cuando menos lo imaginas caes y debes trabajar para levantarte.

Llevaba quince dólares y algunos centavos en los bolsillos, suficiente como para finalizar mi viaje de ida en una cafetería y sentarme a mirar todas las caras que me acomañaban, sin siquiera saberlo, en esta aventura de pensar, recordar, caminar, reír y llorar. Muchas caras como la mía, que en sus ojos podían contar alguna historia: habían padres, hijos, novios, ex-novios, amantes, sacerdotes, castos y no, recién casados y recién divorciados, gente sana y gente enferma, hombres, mujeres y de los otros. Lo divertido es estar ahí si n siquiera saber a quién corresponde cada historia. Pedí mi café y me quedé ahí, mucho rato. Diría que durante 15 minutos no hice más que mirar como la vida estaba ahí, dándome vida, recuerdos futuros, vivencias pasadas, cosas que después no podría tocar pero que sin duda llenarían mi alma. Fue el café más cargado que había tomado en mucho tiempo, no por la cafeína que contenía mas por toda esa carga emocional que me acompañó desde el salir por la puerta hasta ahora, sentado en esa mesa, bebiéndolo. No dije nada, tomé mi taza, la dejé en el mostrador y salí igual como entré. El camino de vuelta fue el mismo, pero los recuerdos que pasaron por mi cabeza distintos, aunque con los mismos colores.

2 comentarios:

ruidosa dijo...

linda historia.
ME gusta hacer eso, me gusta mirar, recordando cosas mias, imaginando cosas del resto. Cuando estoy especiamente infleiz con mi vida o aburrida en la micro, me calma mucho ver gente pasar, imaginarme sus historias, revisar sus rasgos que muchas veces te dicen cuan felices son.
Aca, en cambio, el paisaje en stgo primaveral es puro sol, y esa combinación de gris calle con verde de platano oriental.
Y las plazas se llenan de niños, y indefectiblemente vuelvo a recordar cuando la niña en el barro era yo.
Lindo post.
Salutti!

Claudio dijo...

La verdad debo confesar que este viaje lo hice hoy solo en mi imaginación, sin embargo es algo que ya he hecho varias veces. Bueno, la nostalgia me lleva a muchos lugares.
Cosa aparte, qué bueno que te dio por volver a escribir en tu blog. Al menos a mi alma le sirve un montón como terapia.
Un abrazo